Friday, October 16, 2026

Bishop Senior’s Child Abuse Prevention Month Letter

Dear Brothers and Sisters in Christ,

Our children are God’s great gift to us. Each April, we observe National Child Abuse Prevention Month which serves as a reminder that we must continue the ongoing work of raising awareness while also recommitting ourselves to protecting our children who are so vulnerable. At the same time, we also renew our commitment to assist survivors of abuse, especially at the hands of a clergy member, as they seek healing and peace.

One case of abuse is too many, yet the National Children’s Alliance reports that more than 550,000 children in the United States are known to have been abused in recent years. The majority of that abuse, 76%, was at the hands of a trusted adult, like a parent or guardian.[1] These staggering numbers remind us of the need for vigilance and compassion; these are real lives, real families shattered by trauma, and the often-unseen real scars that last a lifetime. Beyond immediate harm, abuse contributes to long-term challenges, including mental health issues, substance abuse, and difficulties in establishing relationships. For every child affected, an additional circle of family and community endures silent suffering, perpetuating cycles of trauma across generations.

During a meeting for “The Protection of Minors in the Church,” Pope Francis said, “The Church’s aim will thus be to hear, watch over, protect and care for abused, exploited and forgotten children, wherever they are. To achieve that goal, the Church must rise above the ideological disputes and journalistic practices that often exploit, for various interests, the very tragedy experienced by the little ones.”[2] We need to protect every child as if he or she is a member of our own family.

Regrettably, our own Diocese has had experiences of trusted adults who engaged in these sinful acts. We will never stop being vigilant to ensure that, as much as possible, all children and vulnerable adults in our care are protected. Assuring that our parishes and institutions are truly safe environments for children has been, and must always be, a principal priority for our Diocese. So, not only during the month of April, but throughout the year, we renew our resolve to do all that we can to prevent child abuse.

As Bishop, I am proud to continue the shared efforts of a multifaceted Diocesan-wide strategy aimed at prevention, support, and healing. I can confidently report that we have implemented robust training programs for our clergy and lay leaders, educating them about the signs of abuse and the critical steps to take to address it, and, as indicated, report it appropriately to law enforcement. As of  2024, 15,346 students enrolled in Catholic schools in the Diocese or in parish religious education programs have received the VIRTUS Safe Environment training; 146 priests, along with 73 permanent deacons and 27 candidates for ordination (seminarians and candidates for the permanent diaconate) have completed background checks and safe environment training; 866 educators and administrators in Diocesan Catholic schools, 1,715 employees of the Diocese or its parishes across fifteen counties, and 8,438 volunteers at schools, parishes and Diocesan facilities have received training on how to keep children safe; and additional, local audits on the parish and school level to ensure safe environment compliance were implemented. Our Office for Child and Youth Protection also worked to develop new codes of conduct for our clergy, staff, and volunteers while also continuing the process of making updates to our Youth Protection Policy.

May this month be a catalyst that unites us in our continuing mission to dismantle the cycle of abuse through awareness, education, and unwavering support. Please join me in praying for and extending compassion to survivors. All of God’s children are valued members of the Church who need and deserve the Catholic community’s empathy, care, and, above all, protection. May we reaffirm our commitment to safeguarding our children, empowering families, and creating safe environments where everyone can flourish.

May God bless our work to do all we can to protect every child, and to prevent child abuse, especially for those entrusted to our care. Pray also that all those who have been abused, or affected by it, may find healing and peace. May Mary, the Mother of God and our mother, pray for us and for the success of our efforts to ensure that all children will be safe and all survivors will be healed.

Sincerely in Christ,

Most Reverend Timothy C. Senior
Bishop of Harrisburg

The Diocese of Harrisburg encourages anyone aware of misconduct or abuse by any person affiliated with the Diocese to report it to Child Line at 1-800-932-0313, to contact local law enforcement, and to contact the Diocese by calling 1-800-626-1608.

[1] National Children’s Alliance, “National Statistics on Child Abuse,” National Children’s Alliance, https://www.nationalchildrensalliance.org/media-room/national-statistics-on-child-abuse/ (accessed March 24, 2025).

[2] Francis, “Meeting ‘The Protection of Minors in the Church’,” Vatican, https://www.vatican.va/content/francesco/en/speeches/2019/february/documents/papa-francesco_20190224_incontro-protezioneminori-chiusura.html (accessed March 24, 2025).

Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

Nuestros hijos son el gran regalo de Dios. Cada abril, celebramos el Mes Nacional de la Prevención del Abuso Infantil, lo que nos recuerda que debemos continuar con la labor de concienciación y, al mismo tiempo, renovar nuestro compromiso de proteger a nuestros niños, que son tan vulnerables. Al mismo tiempo, renovamos nuestro compromiso de ayudar a los sobrevivientes de abuso, especialmente a manos de un miembro del clero, en su búsqueda de sanación y paz.

Un solo caso de abuso es demasiado, pero la Alianza Nacional de la Infancia informa que se sabe que más de 550,000 niños en Estados Unidos han sido abusados ​​en los últimos años. La mayor parte de ese abuso, el 76%, fue a manos de un adulto de confianza, como un padre o tutor.[1] Estas cifras alarmantes nos recuerdan la necesidad de vigilancia y compasión; se trata de vidas reales, familias reales destrozadas por el trauma y las cicatrices reales, a menudo invisibles, que duran toda la vida. Más allá del daño inmediato, el abuso contribuye a desafíos a largo plazo, incluyendo problemas de salud mental, abuso de sustancias y dificultades para establecer relaciones. Por cada niño afectado, un círculo adicional de la familia y la comunidad sufre en silencio, perpetuando ciclos de trauma a lo largo de las generaciones.

Durante un encuentro sobre “La Protección de los Menores en la Iglesia”, el Papa Francisco afirmó: “Así pues, el objetivo de la Iglesia será escuchar, tutelar, proteger y cuidar a los menores abusados, explotados y olvidados, allí donde se encuentren. La Iglesia, para lograr dicho objetivo, tiene que estar por encima de todas las polémicas ideológicas y las políticas periodísticas que a menudo aprovechan, por intereses varios, los mismos dramas vividos por los pequeños.”[2] Necesitamos proteger a cada niño como si fuera un miembro de nuestra propia familia.

Lamentablemente, nuestra propia Diócesis ha tenido experiencias con adultos de confianza que participaron en estos actos pecaminosos. Nunca dejaremos de estar atentos para garantizar, en la medida de lo posible, la protección de todos los niños y adultos vulnerables a nuestro cargo. Garantizar que nuestras parroquias e instituciones sean entornos verdaderamente seguros para los niños ha sido, y debe ser siempre, una prioridad principal para nuestra diócesis. Por ello, no solo durante el mes de abril, sino durante todo el año, renovamos nuestra determinación de hacer todo lo posible para prevenir el abuso infantil.

Como obispo, me enorgullece continuar los esfuerzos conjuntos de una estrategia diocesana multifacética dirigida a la prevención, el apoyo y la sanación. Puedo informar con confianza que hemos implementado sólidos programas de capacitación para nuestro clero y líderes laicos, educándolos sobre las señales de abuso y los pasos críticos para abordarlo y, como se indicó, denunciarlo adecuadamente a las autoridades. Hasta 2024, 15,346 estudiantes matriculados en escuelas católicas de la diócesis o en programas parroquiales de educación religiosa recibieron la capacitación VIRTUS Ambiente Seguro; 146 sacerdotes, junto con 73 diáconos permanentes y 27 candidatos a la ordenación (seminaristas y candidatos al diaconado permanente) completaron las verificaciones de antecedentes y la capacitación sobre ambientes seguros; 866 educadores y administradores de escuelas católicas diocesanas, 1,715 empleados de la diócesis o sus parroquias en quince condados, y 8,438 voluntarios en escuelas, parroquias e instalaciones diocesanas recibieron capacitación sobre cómo mantener seguros a los niños. Además, se implementaron auditorías locales a nivel parroquial y escolar para garantizar el cumplimiento de las normas de ambiente seguro. Nuestra Oficina de Protección de Niños y Jóvenes también trabajó en el desarrollo de nuevos códigos de conducta para nuestro clero, personal y voluntarios, a la vez que continuó el proceso de actualización de nuestra Política de Protección Juvenil.

Que este mes sea un catalizador que nos una en nuestra misión continua de desmantelar el ciclo del abuso mediante la concientización, la educación y el apoyo incondicional. Les pido que se unan a mí para orar y brindar compasión a los sobrevivientes. Todos los hijos de Dios son miembros valiosos de la Iglesia que necesitan y merecen la empatía, el cuidado y, sobre todo, la protección de la comunidad católica. Reafirmemos nuestro compromiso de proteger a nuestros niños, empoderar a las familias y crear entornos seguros donde todos puedan prosperar.

Que Dios bendiga nuestra labor para hacer todo lo posible por proteger a todos los niños y prevenir el abuso infantil, especialmente de aquellos confiados a nuestro cuidado. Oremos también para que quienes han sido víctimas de abuso o se han visto afectados por él encuentren sanación y paz. Que María, Madre de Dios y madre nuestra, ruegue por nosotros y por el éxito de nuestros esfuerzos para garantizar que todos los niños estén a salvo y que todos los sobrevivientes sanen.

Sinceramente en Cristo,

Reverendísimo Timothy C. Senior
Obispo de Harrisburg

La Diócesis de Harrisburg alienta a cualquier persona que tenga conocimiento de mala conducta o abuso por parte de cualquier persona afiliada a la Diócesis a denunciarlo a Child Line al 1-800-932-0313, a comunicarse con la policía local y a comunicarse con la Diócesis llamando al 1-800-626-1608.

[1] National Children’s Alliance, “National Statistics on Child Abuse,” National Children’s Alliance, https://www.nationalchildrensalliance.org/media-room/national-statistics-on-child-abuse/ (accessed March 24, 2025).

[2] Francis, “Meeting ‘The Protection of Minors in the Church’,” Vatican, https://www.vatican.va/content/francesco/en/speeches/2019/february/documents/papa-francesco_20190224_incontro-protezioneminori-chiusura.html (accessed March 24, 2025).

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The deadline for submissions to the biweekly Notebook/Parish Obituaries listing is every other Wednesday at 4:30 p.m. Please refer to the Publication Schedule for edition dates and deadlines.

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